sábado, 8 de octubre de 2011

Reminiscencia

Recordaba las protestas que inauguramos
en las riveras del puente roto.
¿Te acordarás?
¿Podrás aún sentirlo?
Había una miríada de almas
enfundadas desde el corazón
hasta la vergüenza.
Caía una lluvia espesa
de verano
casi amarilla
y se olía en el aire
el aroma de los naranjos
eclipsados por el agua.
Lo que me arrojó a tus ojos
fue una palabra.
En medio de la muchedumbre
volteé para conocerte.
El opositor opuesto.
Rendición inmediata
reciprocidad
bandera blanca
para los dos.

martes, 30 de agosto de 2011

Conejos y actitudes

Encontré un conejo a la salida
de mi casa.
Me acerqué despacio
para no espantarlo,
porque las ruedas no distinguen
entre conejos y personas.
Era blanco cuando lo asenté
sobre el sillón negro del living.
Tardé una hora para ducharme
y cuando volví
apenas si podía distinguirlo.
Sus ojos
eran lo único que tenía color,
un color rosado, de herida.
Se apeó de un salto
y se puso a rascar la puerta.
En mi cabeza
antes de abrir
oí que me anunciaba:
prefiero estar aplastado contra el asfalto
que encerrado aquí adentro.

jueves, 25 de agosto de 2011

El valor de la nada

De vez en cuando
salgo a recoger las uvas
en una cesta de mimbre
y espero
paciente
sentada en la antesala
a que alguien llegue a verme
con un jazmín
y un oropel.

Una chuchería a la que digo gracias
se me cuelga del pescuezo
como si fuera una recompensa
por mi actitud de Penélope.
Ciertas cosas
no deberían premiarse.
Mi cobardía acepta los obsequios
que la soberbia compra.

Hubo veces en que vinieron
con una ración de agua
contenida en una cuenca de aire
justo encima de la cabeza.
Los malabares con que intenté retenerla
preñados de palabras y de insomnio
no dieron resultado.

Siempre hay otra fuente
en donde beber el agua cristalina y fresca.
Las albercas desbordan de vida
y de colores.
Para qué reparar
entonces
lo que puede conseguirse nuevo,
me dijeron.







miércoles, 17 de agosto de 2011

Dos por uno

Algo empieza a andar mal si cuando te vas
me siento libre
y si tu ausencia me resulta la marihuana
en vez de la abstinencia.
Algo de veras tiene que andar mal
si al hablar siento en la garganta un carozo
como el de Adán
y tengo la secreta convicción
de que una manzana se comparte
sin partirse.
A veces es mejor un cuchillo afilado
que el serrucho desgastado con que tentás
las costuras.
He dejado de temerle a los serruchos
porque son como los perros que te ladran
desde un balcón
histéricos.
Puedo inventar palabras
y vocalizarlas con la mayor naturalidad posible
pero quién puede controlar las expresiones
del rostro
de las manos
de los pies
de esa cosa que no nace
donde tiene que nacer.
A ver
que no es solo mi culpa.



viernes, 29 de julio de 2011

Desorden

Ni en el tren,
sabés...
pude evitarlo.

Hay una cosa
que persigue tu sombra
y me guarda los pedazos
que  se te caen.
Yo
que no quiero recogerlos.

¿Le has pagado a la parca, amor?
Es que hay una guadaña
apoyada en el poyo de la puerta.
con un filo
de mil demonios.
No he contratado
los servicios de sepultura
que rodean esta casa.
No sé que querés segar
que no esté echado ya...
horizontal
sobre el suelo.

Ni en el tren,
sabés...
dejo de sentir que tus manos
cosifican lo que tocan,
dejo de sufrir el sesgo de tus gustos
sobre los míos.

Si en una palabra
me sale la muerte por la boca,
no será que te he ahogado
no.

No será que te he ahogado.
Porque ni en el tren,
sabés...
logro sacudirme tus ofensas.