Encontré un conejo a la salida
de mi casa.
Me acerqué despacio
para no espantarlo,
porque las ruedas no distinguen
entre conejos y personas.
Era blanco cuando lo asenté
sobre el sillón negro del living.
Tardé una hora para ducharme
y cuando volví
apenas si podía distinguirlo.
Sus ojos
eran lo único que tenía color,
un color rosado, de herida.
Se apeó de un salto
y se puso a rascar la puerta.
En mi cabeza
antes de abrir
oí que me anunciaba:
prefiero estar aplastado contra el asfalto
que encerrado aquí adentro.
martes, 30 de agosto de 2011
jueves, 25 de agosto de 2011
El valor de la nada
De vez en cuando
salgo a recoger las uvas
en una cesta de mimbre
y espero
paciente
sentada en la antesala
a que alguien llegue a verme
con un jazmín
y un oropel.
Una chuchería a la que digo gracias
se me cuelga del pescuezo
como si fuera una recompensa
por mi actitud de Penélope.
Ciertas cosas
no deberían premiarse.
Mi cobardía acepta los obsequios
que la soberbia compra.
Hubo veces en que vinieron
con una ración de agua
contenida en una cuenca de aire
justo encima de la cabeza.
Los malabares con que intenté retenerla
preñados de palabras y de insomnio
no dieron resultado.
Siempre hay otra fuente
en donde beber el agua cristalina y fresca.
Las albercas desbordan de vida
y de colores.
Para qué reparar
entonces
lo que puede conseguirse nuevo,
me dijeron.
salgo a recoger las uvas
en una cesta de mimbre
y espero
paciente
sentada en la antesala
a que alguien llegue a verme
con un jazmín
y un oropel.
Una chuchería a la que digo gracias
se me cuelga del pescuezo
como si fuera una recompensa
por mi actitud de Penélope.
Ciertas cosas
no deberían premiarse.
Mi cobardía acepta los obsequios
que la soberbia compra.
Hubo veces en que vinieron
con una ración de agua
contenida en una cuenca de aire
justo encima de la cabeza.
Los malabares con que intenté retenerla
preñados de palabras y de insomnio
no dieron resultado.
Siempre hay otra fuente
en donde beber el agua cristalina y fresca.
Las albercas desbordan de vida
y de colores.
Para qué reparar
entonces
lo que puede conseguirse nuevo,
me dijeron.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Dos por uno
Algo empieza a andar mal si cuando te vas
me siento libre
y si tu ausencia me resulta la marihuana
en vez de la abstinencia.
Algo de veras tiene que andar mal
si al hablar siento en la garganta un carozo
como el de Adán
y tengo la secreta convicción
de que una manzana se comparte
sin partirse.
A veces es mejor un cuchillo afilado
que el serrucho desgastado con que tentás
las costuras.
He dejado de temerle a los serruchos
porque son como los perros que te ladran
desde un balcón
histéricos.
Puedo inventar palabras
y vocalizarlas con la mayor naturalidad posible
pero quién puede controlar las expresiones
del rostro
de las manos
de los pies
de esa cosa que no nace
donde tiene que nacer.
A ver
que no es solo mi culpa.
me siento libre
y si tu ausencia me resulta la marihuana
en vez de la abstinencia.
Algo de veras tiene que andar mal
si al hablar siento en la garganta un carozo
como el de Adán
y tengo la secreta convicción
de que una manzana se comparte
sin partirse.
A veces es mejor un cuchillo afilado
que el serrucho desgastado con que tentás
las costuras.
He dejado de temerle a los serruchos
porque son como los perros que te ladran
desde un balcón
histéricos.
Puedo inventar palabras
y vocalizarlas con la mayor naturalidad posible
pero quién puede controlar las expresiones
del rostro
de las manos
de los pies
de esa cosa que no nace
donde tiene que nacer.
A ver
que no es solo mi culpa.
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